2011/08/20

2011-08-17 Ya llegó Krabi, ya pasó Krabi

El autobús nos dejó en una intersección de las afueras de Krabi antes de lo previsto. Una mujer nos había informado a su manera, ya que aquí en Tailandia, a diferencia de en Malasia donde la mayoría de la gente habla inglés perfectamente, no entienden ni papas. Y no digo que tengan que hacerlo, simplemente observo. 
Ya que los taxistas y moto-taxistas nos pedían una barbaridad para acercarnos al pueblo, probamos a hacer dedo. En seguida una joven nos paró y, tras dar unas cuantas vueltas de más, nos dejó en la zona de los guest houses. Visitamos el pueblo, el puerto y el mercado de puestos de comida... y a descansar, que buena falta nos hacía.
Al día siguiente nos alquilamos una motillo y nos fuimos a conocer los alrededores que, como previamente nos habían dicho, son maravillosos. Imponente naturaleza... las fotos hablan por sí solas. Ahora sí, una cosa no quita la otra, y si bien es cierto que la naturaleza no puede dejar impasible a nadie, está todo más que masificado y saturado... un hervidero de turistas: ¡tiendas, restaurantes y hoteles chics a tope! Demasié para mi body... 
No tardamos mucho en tomar la decisión de marcharnos para otra parte, que fue gerundio en su día. ¡Hacia la costa este, se ha dicho! Koh Pha Ngan nos susurraba su nombre a los oídos del sexto sentido... 











2011/08/13

2011-08-13 Llegando a Krabi, Tailandia

Nuestra estancia en la isla se alargó algo más de lo imaginado. Cierto es que en cuatro diíllas ya lo teníamos casi todo visto (sin contar todos los buceos que se podían haber hecho...), pero de nuevo, la lentitud con la que pasa el tiempo en la isla, o mejor dicho, con lo lentamente que pasamos el tiempo los que nos quedamos en la isla, el cuerpo se va acostumbrando a esa sosegada rutina de yoga, bañito, desayuno, siesta, peliculilla, bañito, cena y trago, y es difícil dar con el día de partida. Bueno, eso y la convicción con la que Pablito nos repetía "venga, ¡un día más!", acompañado de unos generosos ringgits que nos prestó porque nos habíamos quedado sin parné y en la isla no había manera de sacar dinerillo.
Ayer, día 12 recogimos las mochilas para eso de las siete y cuarto de la mañana, y justo cuando nos disponíamos a salir del bungalow de Antonio, empezó a caer la de dios. Lo que nos retuvo un rato en la terracita y nos hizo repensar lo de salir ese día o dejarlo para el día siguiente. Los truenazos debieron depertar a Pablo que apareció en su ventanita, de nuevo con cara de recién despertado, y nos propuso ir a desayunar. Nos pusimos los plásticazos y corrimos hasta el restaurante. Peeero, claro, era demasiado temprano y allí no había ni cristo. Así que se nos ocurrió hacer yoga... de todos modos, tendríamos que esperar hasta el siguiente barco porque no estaba la mar para navegar...
Para cuando terminamos nuestra sesioncilla la galerna ya había amainado. Desayunamos y, esta vez sí, nos encasquetamos las mochilas para ir a Coral Bay, desde donde nos subiríamos a nuestro bote y, ¡candela hasta tierra firme! Para eso de la una del mediodía estábamos de pié en el arcén y haciendo dedo. No esperamos ni veinte minutos. Un racing y su novia nos pararon y nos llevaron primero hasta Kota Bharu y después, hasta la frontera. Al llegar donde queríamos no pidieron dinero, peeero, seguíamos sin ringgits (bueno, teníamos un ringgit, pero era vergonzoso darles aquello), así que finalmente, les dimos una gafas de sol, con lo que parecieron quedarse satisfechos. Nosotros lo estábamos aún más, ya que aquellas gafas nos las habíamos encontrado en las calles de Kuala Lumpur. ¡Jaja!
Total, sellito en el visado malayo, sellito en el visado tailandés, y a patear hacia el primer pueblo:  . Estuvimos cerca de otra horita intentando hacer dedo sin éxito, tras lo cual fuimos a preguntar precios en la estación de tren y de bus. Con la espalda atrofiada y más cansados que la pera, fuimos a buscar algún guest house barato. Una ducha rápida y a cenar. Ya estaba anocheciendo, lo que se dejaba notar en las calles, pues todos los fieles del Ramadán salían a los mercados y puestos de comida para ponerse tibios. Que aunque la mayoría en Tailandia sean budistas, aquí en el sur son totalmente musulmames, lo que nos chocó bastante. Al principio... luego ya no.
Y hoy a las seis y media de la mañana salía nuestro tren hacia Thung Song. Nueve horacas y media de tren de madera: asientos de madera, paredes de madera, suelo de madera, techo de madera... y al final, nuestros culos también ¡más duros que la madera! Pero eso también ya pasó. A las cuatro nos apeábamos del tren y nos dirigíamos a la estación de buses para comprar los billetes hacia Krabi. Teníamos una horita de espera lo que nos ha venido de perlas para meternos unos pad thais entre pecho y espalda, y reponer un poco las fuerzas antes de meternos en este bus que nos lleva de camino a nuestro siguiente destino.



Don Pablo en su ventana.


En el chiringo con unos refrigerios.


¡Good bye, Perhentian!


"I'M ON THE ROAD AGAIN..."



2011/08/09

2011-08-09 De pensamientos y pequeños acontecimientos

Ayer por la tarde me dio por leer las primeras entradas que escribí en el blog. No me acordaba del intríngulis que nos daba emprender este viaje, ni de lo poco que sabía sobre lo que buscaba con el mismo. Al mismo tiempo que leía aquellas palabra me pregunté si había encontrado eso... y me quedé en silencio, pero con una gran sonrisa que empezaba a brotar desde el corazón. La verdad es que creo que no he dado con la gran respuesta, ni he hallado aquello que imaginaba iba a solucionar todas mis divagaciones y aclarar mis dudas. 
Sin embargo, empiezo a comprender algo importante. No es que haya escrito nada para mí, ni para nadie. Cada cual decide su camino, aunque la mayoría lo haga con los ojos medio cerrados o completamente cerrados. Se nos olvida que es derecho del ser humano soñar y perseguir nuestros sueños. No se trata de que solo los afortunados acaricien sus sueños, todo el mundo puedo hacerlo, solo hay que fijar el siguiente paso a dar y arrancar. Poquito a poco el nuevo camino empezará a aparecer ante nosotros y lo único que tendremos que plantearnos después será "¿y ahora, qué?. 
Hace poquito comentaba con Gorka que ya vamos para el noveno mes dando vueltas. Hace dos años ninguno de los dos se imaginaría que pudiera estar sucediéndonos algo tan maravilloso, y qué decir hace tres años que ni siquiera nos conocíamos. Me acuerdo que tantas veces, cenando en casa con aita y ama, escuchábamos a los viajeros del mundo que recitaban sus andares en el programa de Roge Blasco, que tanto me gustaba y tan increíble me parecía lo que mi oídos escuchaban... "¡buah! un año por ahí rulando... ¡quién pudiera!", "¡ojalá yo pudiera hacer algo parecido!", "¿pero de dónde sacará esta peña tiempo y dinero?"... pensaba entre otras cosas. Sin dejar de creer que aquellas historias no estaban hechas para mí. 
En fin, pues mira tú, lo que estoy haciendo. Además que el viaje se expande como las flores van expandiendo sus pétalos, poquito a poco, uno por uno. Jamás pensamos que la cosa se nos fuera a alargar de esta manera, ni que el viaje diera tanto de sí. Y solo nos ha hecho falta plantearnos una única pregunta estrella: "¿bueno, dónde vamos ahora?". Así, hemos llegado, a veces, a lugares que queríamos visitar, pero, sobre todo, a sitios que nunca antes habíamos ni siquiera oído mencionar. Si es que ya lo dijo Antonio Machado: 
CAMINANTE NO HAY CAMINO, SE HACE CAMINO AL ANDAR.


Y dejando las idas y venidas de mi cabecita a un lado, comentar que ayer hicimos el DSD (Discover Scuba Diving) con Antoñete, que más ilusionado que unas castañuelas nos instruyó por segunda vez en nuestras vidas para que pudiésemos sumergirnos a estas aguas turquesas y llenas de vida y color, con bombona a la espalda y equipo completo.  
Si la primera vez, allá en Xavia, la experiencia fue merecedora de mención, esta segunda vez en este genial parque natural ha sido como para abrir una botella de champán. Esta vez, más familiarizada con todos los tubos, las aletas y los medidores, me centré en saber como mantener la estabilidad en ese punto que llaman "gravedad cero" mediante la propia respiración. Y, sobre todo, disfrutar, de ese paseo, o más bien vuelo por este gran acuario vivo que es la mar de estas costas. ¡Qué pasada! La única pena que me queda es que nuestra cámara no sea acuática para poder ilustrar la grandeza de este fondo marino...


Vista desde los molinos eólicos.


Je, je, je...


"¡No os meéis dentro de los neoprenos, que luego en el barco huele que apesta!"


Tacos-tacos, burritos-burritos con Pablo y Antonio.


Que también hemos tenido ocasión de probar el Orang Utan (Hombre del Bosque en malayo) que es un licor autóctono y más barato que la cerveza. No está ni medianamente bueno, pero en fin, para las economías pobres se deja beber. Después de los primeros dos tragos ni te enteras.

2011/08/08

2011-08-08 En la isla también...


Asalvajado.


Observando el infinito mar.


Gran saltamontes isleño.


En el pueblo pesquero

Un enorme lagarto monitor... (y los hay más grandes).

2011/08/07

2011-08-06 Pulau Perhentian Kecil


Dejamos la granja de noche para coger un autobús nocturno (que llegó casi con una hora de retraso por ser Ramadán) y recorrer la distancia hasta Jerteh. Hicimos el viaje junto con Bella, que hasta hoy ha estado con nosotros. Llegamos a las cuatro y un taxi nos esperaba para transportarnos hasta Kuala Besut, desde donde cogeríamos el ferry para llegar a la isla. Pero eso no iba a ocurrir hasta las ocho menos cuarto, así que buscamos y encontramos un lugar apartadito para echar las esterillas y dormir hasta que llegase el momento de seguir haciendo camino. Teníamos los párpados bien echados cuando empezaron a llegar a nuestros oídos los rezos desde las mezquitas de los alrededores y un feligrés preocupado se acercó al bulto que formábamos para indicarnos dónde había un hotel. No le entraba en la cabeza que pudiésemos estar simplemente esperando al ferry. Al final, frustrado por no podernos convencer, se fue a sus rezos como amablemente nos comentó. Nos volvimos a quedar sopa.
Nuestro ferry, que era una barca con dos motores, salió algo más tarde que las ocho, pero le metió una caña impresionante. La mitad del trayecto lo hicimos flotando; la otra, volando y aterrizando salvajemente contra las olas. Llegamos a Coral Bay empapados y con salitre hasta en la ropa interior. Ya en tierra firme, preguntamos por Long Beach y tiramos millas hacia allí. En esta isla no hay carreteras ni falta que hace porque no existe ningún vehículo motorizado. Y eso se deja notar. 
Preguntado se llega a Roma y así, encontramos el Panorama Resort y a mi gran amigo Antonio... ¿quién me iba a decir a mí...? Pero lo bueno no acababa ahí, porque en seguida, salió Pablo de su bungalow despeinado y con cara de sueño... ¡toma ya! Mis compañeros de piso, trabajo y corazón en Sainte Adéle, Quebec, en Perhentian, Malasia... El primero ganándose la vida como instructor de buceo; el segundo sacándose el título para llegar a ser Dive Master.
Desde que llegamos a su isla (de Antonio) hemos tenido tiempo para patearnos la isla pa'trás y pa'lante, hacer fiesta con los coleguis (que esta isla es la isla de la fiesta perenne... desde por la mañana hasta la mañana, de lunes a lunes), disfrutar de la vida relajada de estas costas y, lo más bonito, hacer snorkelling. 
Aletas, gafas, tubo y un guía para que nos llevase a los puntos más interesantes, que fueron tres: Turttle Point, Coral Garden y Shark Point. ¡Im-Presionante! Nadamos junto a tortugas gigantes, nos maravillamos con los corales y los millones de peces de cualquier color posible, y ¡chapoteamos con tiburones también! ¡Estuvimos hasta un metro cerca de ellos! sin saber cómo olvidarnos de la mala fama que tienen estos pobres animales maravillosos... No hay palabras para poder expresar lo que vimos y vivimos durante las dos horas y media que estuvimos sumergidos en un hábitat tan diferente al que estamos acostumbrados. ¡Maravilla de Naturaleza!


Antonio (¡¡RUBIO!!) preparando a sus alumnos para la inmersión.


Bella, observando el mar; Gorka, disfrutando de su roca escalada.


Comida de Ramadán: noodles, dulces de harina, huevo cocido, pepino y salsa de cacahuete.


Haciendo yoga con Pablete y Bella.


Bruce Lee lo dice todo. FLUYE.


Pateando la isla.

2011/07/30

2011-07-27 Trabajando duro


La semana granjera va pa'lante. Nos despertamos a las siete y media para dar de comer a los animales antes de hacer otra cosa. Llenar la megabolsa con hierba recién cortada y repartirla entre las cabras y las gallinas. Lo que hacemos después de desayunar y después de comer, cambia cada día, pues el tiempo es bastante inestable y las tareas varían dependiendo de este: quitar hierbajos, transplantar diferentes verduras, sembrar nuevas frutas o plantas, limpiar árboles (especialmente, limas) de las invasoras trepadoras y darles un poco de amor, limpiar los corrales, preparar compost sin químicos, arreglar el almacén para un festival eco-sostenible que va a tener lugar de aquí a un mes... 
Pero no todo es trabajar... también nos queda tiempo para darnos un bañito en el jacuzzi, que es una pocita que hace el río justo en frente de casa, hacer un poco de música, escuchar a Ladia hablar sobre las plantas medicinales, la agricultura natural o la permacultura, y comer. ¡Qué bien se come en esta casa! Desde que empezamos el viaje, no hemos comido tan bien ninguna vez: sus pedazo desayunos, los almuerzos vigorosos y las abundantes y exquisitas cenas. ¡Y siempre con pan! ¡Y vaya pan! Pues también hemos aprendido a hacer pan, mermelada y chucrut (berza fermentada). 
En cuanto a la vida salvaje no hemos tenido ningún tipo de percance: los momentos más intensos son cuando Ladia nos cuenta las veces que se ha topado con elefantes salvajes y osos. De otro modo, ayer por la noche cuando íbamos hacia nuestro cuarto un animal nos rugió por detrás de los matorrales y corrimos hacia la cocina: no pudieron haber sido los perros, porque tres de ellos estaban ante la puerta de la cocina esperando su cena y el cuarto venía con nosotros... Ladia nos tuvo que acompañar hasta la puerta porque nos entró un poco de cague. Y, luego, por la noche, aguantando las ganas de mear, porque cualquiera salía allí afuera a poner el culo al aire... bueno, Gorka sí, pero yo no.
Y bueno, también están las dichosas sanguijuelas... que nos chupan la sangre cada vez que pueden... ¡hay cientos de ellas! Al principio dan un poco de repelús, pero después, sin más, esperas a tener un poco de sal para echarles por encima y ellas solas se marchan. Además, por lo que nos ha contado este, previenen los ataques al corazón porque hacen que la sangre corra más líquida. No hay mal que por bien no venga.


Barbacoa vegetariana de sábado noche.


De derecha a izquierda: Ladia, Peter, Isabella, Hiro, Gorka and Eider.


Aprendiendo a manejar las kariokas, sin kariokas...


Gatuno.


Tomándonos un chapuzón en el jacuzzi.


Mary.


Cabras curiosas.


Pavos y pollitos.


Las hermanas Sara y Chichi.